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El tesoro de la fragata Nra. Sra. de las Mercedes

Reportaje de Informe Semanal (03.03.2012) sobre el regreso a nuestro país del tesoro —500.000 monedas de oro y plata— procedente de la fragata española Nuestra Señora de las Mercedes, hundida frente a las costas portuguesas el 5 de octubre de 1804 por una escuadra británica. En 2007, una empresa estadounidense de «caza-tesoros» encontró el pecio de la fragata y expolió su cargamento. Las autoridades españoles reclamaron el tesoro y, tras un dilatado proceso judicial, el Tribunal Supremo de Estados Unidos ratificó su devolución a nuestro país.

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El inicio de los tiempos

Primer episodio de la serie Memoria de España, en el que, a través de la descripción del registro fósil, se explica la evolución geológica y de la vida sobre la Península Ibérica, hasta llegar a la aparición de la especie humana…

Diferencias entre piratas, corsarios, bucaneros y filibusteros

Un error común que se suele cometer al hablar de la piratería de los siglos XVI, XVII y XVIII, es poner en el mismo saco, por ejemplo, a Sir Francis Drake, Henry Morgan y Edward Teach Barbanegra. ¿Qué hubiera pensado el primero, un noble marino, leal siervo de la reina Isabel I de Inglaterra, al saber que lo comparaban con el tercero, un sanguinario delincuente del mar? Seguramente, no le hubiera gustado nada. Esta equivocación tan común —incluso entre historiadores— proviene de la confusión de términos para designar actos delictivos en el mar, ya que, habitualmente, los términos pirata, corsario, bucanero y filibustero, se utilizan casi como sinónimos. Antes de nada, debemos tener en cuenta que estas cuatro palabras sólo se pueden contextualizar a la vez en la historia marítima de América, sobre todo del Caribe, ya que la piratería del Mediterráneo o del Mar de la China se regía por otros actores. Si bien existían piratas y corsarios, los bucaneros y los filibusteros eran exclusivos de América Central. A pesar de que estos hombres y muchos de sus contemporáneos, así como los actos que cometieron, se agrupan bajo el gran paraguas que es el término piratería —por ser actos de bandolerismo y pillaje a bordo de un navío—, existen diferencias suficientemente significativas como para poder distinguirlos.

Abordaje

En primer lugar tenemos a los piratas —cuyo vocablo procede la palabra griega peirates, que no es otra cosa que un aventurero del mar—, cuya presencia en el mundo es tan antigua como la navegación. Sin embargo, durante los siglos XVII y XVIII vivieron su época dorada, atacando libremente navíos e instalaciones de las coronas portuguesa y española. Estos ataques, a pesar de que se centraban en las posesiones de estas dos potencias europeas, no tenían detrás un significado nacional, ya que los piratas, procedieran de dónde procedieran, atacaban indiferentemente a cualquier navío que les pudiera dar beneficios en forma de riquezas de todo tipo. Los ejemplos más claros de piratas fueron Edward Teach Barbanegra, Calicó Jack Rackham y Bartholomew Roberts Black Bart.

barbanegraEdward Teach Barbanegra (¿1680?-1718)

Por otro lado, ya desde mucho antes de su aparición en el Caribe, existieron los corsarios, cuyo grado de violencia sigue siendo motivo de controversia, ya que muchos los consideraban delincuentes y otros héroes nacionales. Los hombres y navíos que eran denominados corsarios, viajaban bajo la protección de una patente de corso —palabra procedente del latín cursus, carrera—, un documento en el que un rey les daba autorización para atacar barcos y enclaves de las potencias enemigas. En este sentido, fue muy habitual, en una América colonial dominada por castellanos y portugueses, que las coronas de Francia, Inglaterra y Holanda, incluso siendo algunas aliadas de las primeras, autorizasen a determinados barcos y capitanes atacar las posesiones de las potencias peninsulares. El único objetivo de estos ataques, si bien en muchas ocasiones reportaban beneficios económicos, no era robar, sino también entorpecer las actividades comerciales que se realizaban entre los territorios enemigos; así como detener el transporte de riquezas hacia el Viejo Mundo y, de este modo, complicar el mantenimiento de las guerras en Europa. Fueron corsarios hombres como Sir Francis Drake, Walter Raleigh o Henry Morgan.

Sir-Francis-DrakeSir Francis Drake (¿1543?-1596)

De entre los protagonistas exclusivos del Caribe, cabe destacar a los filibusteros. El origen de esta palabra es muy confusa, hay autores que defienden su origen en la vocablo holandés vrij buiter —el que captura el botín libremente—, traducida al inglés como free booter y al francés como flibustier. Para otros, en cambio, procede de la expresión holandesa vrie boot, que se traduce al inglés como fly boat o embarcación ligera, describiendo el tipo de naves utilizadas para cometer sus ataques. Estos hombres, que al principio actuaron por libre atacando naves pequeñas sin alejarse demasiado de la costa, fueron los primeros en convertir la piratería en algo más que un delito, llegando a crear una sociedad filibustera en las costas de Santo Domingo y la Tortuga, llamada la Hermandad de la Costa. Sin embargo, con el paso del tiempo, los gobiernos europeos vieron una utilidad en los filibusteros, y acogieron a muchos para que centrasen sus ataques sobre los territorios enemigos de sus patrocinadores, convirtiéndose en un punto medio entre el pirata y el corsario, pudiendo hablar de piratas domesticados. Seguramente, uno de los filibusteros más famosos fue Jean David Nau, también conocido como François l’Olonnais, que se convirtió en el terror del Caribe durante casi veinte años.

François-l’OlonnaisFrançois l’Olonnais (1630-1671)

Finalmente, pero no por ello menos importante, vamos a ver quiénes fueron los bucaneros. Estos hombres, cuyo origen es exclusivamente caribeño, en un principio eran cazadores de reses y cerdos salvajes de las islas. Su nombre deriva del procedimiento —de origen indígena— que utilizaban para asar y ahumar la carne, llamado boucan. Esta carne era vendida en la costa a los navíos que allí recalaban. Al ser perseguidos por las autoridades coloniales en Santo Domingo, principal enclave bucanero, muchos de ellos abandonaron su oficio para convertirse en piratas, como dijo Gosse: «de matarifes de reses, se convirtieron en carniceros de hombres». Tanto por el tipo de ataques, cercanos a la costa, como por su proximidad cronológica y geográfica, muchos bucaneros se fusionaron con los filibusteros, formando las primeras tripulaciones cuyo único fin eran los actos de piratería, llegando a formar parte, también de la Hermandad de la Costa.

rackham el rojo

Aún habiendo presentado a estos cuatro estilos de piratería, nunca debemos olvidar que no eran compartimentos estancos, es decir, lo más habitual era que los hombres que una vez fueron piratas, pasaran a ser corsarios, o viceversa; del mismo modo que muchos bucaneros acabaron siendo filibusteros, para después pasar a ser corsarios. Por lo que podríamos afirmar que había una alta tasa de permeabilidad entre los diferentes grupos de bandoleros marinos. Como hemos visto, tanto corsarios, como filibusteros, como bucaneros y piratas, tuvieron su momento de gloria; sin embargo, fueron los últimos los que, con el tiempo, permanecieron en el imaginario popular. Estos personajes, a pesar de ser delincuentes, rufianes y peligrosos, pasaron de ser diablos a convertirse en héroes románticos, que si bien podían robar y matar, lo hacían para defender su vida en libertad, lejos de los dominios de los grandes monarcas europeos.

Fuente: Historias de la Historia

Terremotos

Sismicidad

El U.S. Geological Survey pone a nuestra disposición un visor (pincha aquí para acceder) donde se muestra la ubicación e intensidad de los terremotos que han sacudido nuestro planeta durante las últimas semanas.

Una altitud inquietante

En nuestro país,  utilizamos como altitud cero para las referencias topográficas la altura promedio del nivel del mar en el puerto de Alicante.

Como curiosidad, señalaremos que la fuente del Ángel Caído, obra del escultor Ricardo Bellver y situada en el parque del Retiro, un enigmático monumento que representa a Lucifer, se encuentra exactamente a 666 metros sobre el nivel del mar.

Que el inteligente calcule el número de la Bestia, pues es el número de un hombre. Su número es seiscientos sesenta y seis.
Apocalipsis 13, 18

León, 1188: las primeras cortes de Europa

Hace unos años, la UNESCO reconoció a León como cuna del parlamentarismo europeo, por las cortes que se reunieron en esta ciudad, capital del reino medieval del mismo nombre, durante la primavera de 1188, al principio del reinado de Alfonso IX (1188-1230), y en las que por primera vez participaron representantes de villas y ciudades, junto a la nobleza y el clero.

El primer periódico cacereño

El primer periódico que hubo en Cáceres era manuscrito, del que se elaboraba un único ejemplar que se colgaba de un clavo en un zaguán de la calle Sancti Spíritu, pasando los cacereños que lo deseaban a leerlo y dejarlo en el mismo lugar para que sirviera a otros muchos.

sanctiSpiri

Ocurría esto por 1813, posiblemente porque la imprenta no se había divulgado en cuanto a su uso por aquí, y hasta existe el rumor de que hubo otro periódico anterior, también manuscrito. El que nos ocupa se llamó la Asociación de Cáceres, siendo su fundador y director, don Álvaro Gómez Becerra, que luego fue un personaje de relieve nacional en la política. El responsable de confeccionar el único ejemplar del que hablamos era el escribano de la Audiencia, don Claudio Constanzo.

06gomezbecerraDon Álvaro Gómez Becerra (1771-1855), ministro de Gracia y Justicia (1835-1836, 1840-1841 y 1843), presidente del Consejo de Ministros (1843),  presidente del Senado (1842-1843), etc.

Al lado del periódico, en el local que era la biblioteca de la Asociación de Cáceres, se había montado un buzón de sugerencias para que los lectores dieran sus opiniones o dejaran trabajos que deseaban se incluyeran en los próximos números.

La única colección completa de este periódico consta de 31 números que se realizaron entre el 11 de enero de 1813 y el 22 de mayo del mismo año, y la poseyó en vida el profesor don Antonio Rodríguez-Moñino (…).

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Aparte de este periódico manuscrito, que es una verdadera joya, en Cáceres se publicaron posteriormente una gran cantidad de periódicos, pero ya todos ellos impresos. Entre los más originales, por tener un formato realmente moderno, figuró El Regenerador Estremeño (escrito con ese, ya que entonces se escribía así: Estremadura) que salió en 1852 y realizaba un solo hombre, don Juan Daza Malato, bibliotecario cacereño. Este periódico fue, posiblemente, uno de los primeros españoles que deslindó secciones. Había información local, regional, nacional y extranjera, aparte de espacio literarios, cartas de los lectores, crítica municipal, etc. (…).

Fernando García Morales: Ventanas a la ciudad. Cáceres: Cámara Oficial de Comercio e Industria, 1995, pág. 90.