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Los francos y el imperio carolingio

Los francos, después de cruzar el Rin, se instalaron el año 481 en el norte de la antigua provincia romana de la Galia, donde Clodoveo fundó la dinastía merovingia.

En el año 751, Pipino el Breve implantó una nueva dinastía, la carolingia, que alcanzó su máximo esplendor con su hijo Carlomagno (742814). Éste se propuso restablecer la unidad del antiguo Imperio Romano de Occidente. Con este fin, conquistó los territorios de numerosos pueblos, como los lombardos en el norte de Italia; los bávaros y los ávaros en el centro de Europa; y los sajones en el norte de Alemania.

Tras estas conquistas, Carlomagno fue coronado emperador por el papa León III en la Navidad del año 800. No obstante, el imperio sólo duró hasta el año 843, pues al morir el hijo y sucesor de Carlomagno, Luis el Piadoso, se dividió entre sus hijos.

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Diferencias entre piratas, corsarios, bucaneros y filibusteros

Un error común que se suele cometer al hablar de la piratería de los siglos XVI, XVII y XVIII, es poner en el mismo saco, por ejemplo, a Sir Francis Drake, Henry Morgan y Edward Teach Barbanegra. ¿Qué hubiera pensado el primero, un noble marino, leal siervo de la reina Isabel I de Inglaterra, al saber que lo comparaban con el tercero, un sanguinario delincuente del mar? Seguramente, no le hubiera gustado nada. Esta equivocación tan común —incluso entre historiadores— proviene de la confusión de términos para designar actos delictivos en el mar, ya que, habitualmente, los términos pirata, corsario, bucanero y filibustero, se utilizan casi como sinónimos. Antes de nada, debemos tener en cuenta que estas cuatro palabras sólo se pueden contextualizar a la vez en la historia marítima de América, sobre todo del Caribe, ya que la piratería del Mediterráneo o del Mar de la China se regía por otros actores. Si bien existían piratas y corsarios, los bucaneros y los filibusteros eran exclusivos de América Central. A pesar de que estos hombres y muchos de sus contemporáneos, así como los actos que cometieron, se agrupan bajo el gran paraguas que es el término piratería —por ser actos de bandolerismo y pillaje a bordo de un navío—, existen diferencias suficientemente significativas como para poder distinguirlos.

Abordaje

En primer lugar tenemos a los piratas —cuyo vocablo procede la palabra griega peirates, que no es otra cosa que un aventurero del mar—, cuya presencia en el mundo es tan antigua como la navegación. Sin embargo, durante los siglos XVII y XVIII vivieron su época dorada, atacando libremente navíos e instalaciones de las coronas portuguesa y española. Estos ataques, a pesar de que se centraban en las posesiones de estas dos potencias europeas, no tenían detrás un significado nacional, ya que los piratas, procedieran de dónde procedieran, atacaban indiferentemente a cualquier navío que les pudiera dar beneficios en forma de riquezas de todo tipo. Los ejemplos más claros de piratas fueron Edward Teach Barbanegra, Calicó Jack Rackham y Bartholomew Roberts Black Bart.

barbanegraEdward Teach Barbanegra (¿1680?-1718)

Por otro lado, ya desde mucho antes de su aparición en el Caribe, existieron los corsarios, cuyo grado de violencia sigue siendo motivo de controversia, ya que muchos los consideraban delincuentes y otros héroes nacionales. Los hombres y navíos que eran denominados corsarios, viajaban bajo la protección de una patente de corso —palabra procedente del latín cursus, carrera—, un documento en el que un rey les daba autorización para atacar barcos y enclaves de las potencias enemigas. En este sentido, fue muy habitual, en una América colonial dominada por castellanos y portugueses, que las coronas de Francia, Inglaterra y Holanda, incluso siendo algunas aliadas de las primeras, autorizasen a determinados barcos y capitanes atacar las posesiones de las potencias peninsulares. El único objetivo de estos ataques, si bien en muchas ocasiones reportaban beneficios económicos, no era robar, sino también entorpecer las actividades comerciales que se realizaban entre los territorios enemigos; así como detener el transporte de riquezas hacia el Viejo Mundo y, de este modo, complicar el mantenimiento de las guerras en Europa. Fueron corsarios hombres como Sir Francis Drake, Walter Raleigh o Henry Morgan.

Sir-Francis-DrakeSir Francis Drake (¿1543?-1596)

De entre los protagonistas exclusivos del Caribe, cabe destacar a los filibusteros. El origen de esta palabra es muy confusa, hay autores que defienden su origen en la vocablo holandés vrij buiter —el que captura el botín libremente—, traducida al inglés como free booter y al francés como flibustier. Para otros, en cambio, procede de la expresión holandesa vrie boot, que se traduce al inglés como fly boat o embarcación ligera, describiendo el tipo de naves utilizadas para cometer sus ataques. Estos hombres, que al principio actuaron por libre atacando naves pequeñas sin alejarse demasiado de la costa, fueron los primeros en convertir la piratería en algo más que un delito, llegando a crear una sociedad filibustera en las costas de Santo Domingo y la Tortuga, llamada la Hermandad de la Costa. Sin embargo, con el paso del tiempo, los gobiernos europeos vieron una utilidad en los filibusteros, y acogieron a muchos para que centrasen sus ataques sobre los territorios enemigos de sus patrocinadores, convirtiéndose en un punto medio entre el pirata y el corsario, pudiendo hablar de piratas domesticados. Seguramente, uno de los filibusteros más famosos fue Jean David Nau, también conocido como François l’Olonnais, que se convirtió en el terror del Caribe durante casi veinte años.

François-l’OlonnaisFrançois l’Olonnais (1630-1671)

Finalmente, pero no por ello menos importante, vamos a ver quiénes fueron los bucaneros. Estos hombres, cuyo origen es exclusivamente caribeño, en un principio eran cazadores de reses y cerdos salvajes de las islas. Su nombre deriva del procedimiento —de origen indígena— que utilizaban para asar y ahumar la carne, llamado boucan. Esta carne era vendida en la costa a los navíos que allí recalaban. Al ser perseguidos por las autoridades coloniales en Santo Domingo, principal enclave bucanero, muchos de ellos abandonaron su oficio para convertirse en piratas, como dijo Gosse: «de matarifes de reses, se convirtieron en carniceros de hombres». Tanto por el tipo de ataques, cercanos a la costa, como por su proximidad cronológica y geográfica, muchos bucaneros se fusionaron con los filibusteros, formando las primeras tripulaciones cuyo único fin eran los actos de piratería, llegando a formar parte, también de la Hermandad de la Costa.

rackham el rojo

Aún habiendo presentado a estos cuatro estilos de piratería, nunca debemos olvidar que no eran compartimentos estancos, es decir, lo más habitual era que los hombres que una vez fueron piratas, pasaran a ser corsarios, o viceversa; del mismo modo que muchos bucaneros acabaron siendo filibusteros, para después pasar a ser corsarios. Por lo que podríamos afirmar que había una alta tasa de permeabilidad entre los diferentes grupos de bandoleros marinos. Como hemos visto, tanto corsarios, como filibusteros, como bucaneros y piratas, tuvieron su momento de gloria; sin embargo, fueron los últimos los que, con el tiempo, permanecieron en el imaginario popular. Estos personajes, a pesar de ser delincuentes, rufianes y peligrosos, pasaron de ser diablos a convertirse en héroes románticos, que si bien podían robar y matar, lo hacían para defender su vida en libertad, lejos de los dominios de los grandes monarcas europeos.

Fuente: Historias de la Historia

Barry Lyndon participa en la guerra de los Siete Años (1756-1763)

Magnífica escena de la película Barry Lyndon, que describe a la perfección el desarrollo de una batalla en el siglo XVIII, concretamente durante la Guerra de los Siete Años (17561763), que enfrentó a Francia con Gran Bretaña y sus respectivos aliados: uniformidad de los ejércitos, enfrentamientos frontales en campo abierto, cargas de fusilería, importancia estratégica y numérica de las columnas de infantería, etc.

FICHA TÉCNICA
Título: Barry Lyndon
Año: 1975
Duración: 183 min.
País: Reino Unido – Estados Unidos
Director: Stanley Kubrick
Guión: Stanley Kubrick (novela: William M. Thackeray)
Música: Leonard Rosenman
Reparto: Ryan O’Neal, Marisa Berenson, etc.
Género: Drama de época
Sinopsis: Reflejo de la vida cotidiana en la Europa del siglo XVIII, a través de las peripecias del joven irlandés Redmond Barry.
Premios: Cuatro Oscars (dirección artística, fotografía, banda sonora original y vestuario) y siete nominaciones.