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“Zatōichi”

FICHA TÉCNICA
Título: Zatōichi
Año: 2003
Duración: 115 min.
País: Japón
Director: Takeshi Kitano
Guión: Takeshi Kitano (cuento: Kan Shimozawa)
Música: Keiichi Suzuki
Reparto: Takeshi Kitano, Tadanobu Asano, etc.
Género: Comedia — Histórico — Acción
Sinopsis: Japón, siglo XIX. Zatoichi es un vagabundo ciego que vive del juego y de dar masajes; pero además es un maestro con la espada, rápido y preciso como el mejor samurái. En una ciudad en las montañas, a merced de la banda de Ginzo, Zatoichi y su fiel amigo Shinkichi conocen a un par de geishas, bellas y peligrosas. Okinu y su hermana Osei han llegado a la ciudad a vengar el asesinato de sus padres, y su única pista es el misterioso nombre de Kuchinawa.
Premios: León de plata al mejor director en el Festival Internacional de Cine de Venecia.

El (verdadero) origen del himno nacional

Según parece, nuestro actual himno nacional —ese que suena al comienzo de los partidos de la Selección española— se compuso a partir de una marcha de granaderos durante el reinado de Carlos III (17591788). Sin embargo, algunos autores sostienen un origen aún más antiguo, por su semejanza con la melodía de esta nuba andalusí (siglo XII). Juzgad vosotros mismos.

Popurrí medieval

Extracto de un concierto de canto gregoriano interpretado por Schola Antiqua  en la Fundación Juan March.


Interpretación de Le jeu de Robin et Marion del trovador francés Adam de la Halle (c. 12401287) en el Festival de Rávena.


Interpretación de canciones goliárdicas pertencientes a Carmina burana por la agrupación Artefactum con instrumentos de la época.


Interpretación de la Cantiga de Santa María nº 217 por el Quarteto Medieval de Urueña con instrumentos de la época.


Interpretación de Ad morten festinamus del Llibre vermell de Montserrat por la Capella Reial de Catalunya-Hespèrion XXI dirigida por Jordi Savall.


Noticia sobre Clare Selaman, intérprete de instrumentos medievales.


Reportaje sobre la música en al-Ándalus, ideado e interpretado por Emilio Villalba y Sara Marina.


Interpretación de música andalusí por el grupo Zejel.


Desarrollo de una misa mozárabe en la basílica de Santa Eulalia de Mérida.

 

La música del Códice Calixtino

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Un códice es un libro anterior a la aparición de la imprenta, escrito a mano y formado por un conjunto de cuadernillos cosido entre sí. El Codex Calixtinus se conserva en el archivo de la catedral de Santiago de Compostela, fue escrito en el siglo XII y debe su nombre al papa Calixto II (11191124), a quien se atribuye el encargo de su elaboración, aunque ese dato continúa sin estar del todo claro.

En julio de 2011, el Códice Calixtino fue objeto de un rocambolesco robo. Al cabo de un año se detuvo al ladrón: un electricista que trabajaba en la catedral, y que además había sustraído otros documentos, dinero y diversos objetos. El códice fue devuelto a la cámara acorazada del archivo de la catedral, donde se encuentra actualmente, sometido a estrictas medidas de vigilancia y seguridad.

El Códice Calixtino es un manuscrito bellamente ornamentado que reúne textos litúrgicos, sermones, homilías, relatos relacionados con el apóstol Santiago, así como una primera guía del camino, con información sobre rutas, alojamientos, obras de arte y consejos para los peregrinos. Todo esto lo convierte en una joya literaria, pero es además un documento excepcional desde el punto de vista musical, ya que contiene veintidós obras polifónicas, que son unas de las más antiguas composiciones a varias voces que se conservan en nuestro país. Entre ellas, el himno Congaudeant catholici es la primera pieza conocida a tres voces de todo el repertorio occidental.

Otro importante códice que también contiene música es el Codex de Las Huelgas, que se conserva en el monasterio cisterciense de monjas de clausura de Santa María la Real de las Huelgas, cerca de Burgos. Fue copiado a principios del siglo XIV y contiene obras musicales polifónicas pertenecientes al Ars antiqua.

Música medieval española

Música cristiana (religiosa y profana), andalusí y sefardí reunidas en este magnífico disco que lleva por título The music in the land of the three faiths. Un colofón perfecto para la primera unidad del curso, que además refleja la diversidad del rico legado cultural que atesora nuestro país.

El rap de Mío Cid

En la Edad Media, los juglares recitaban o cantaban unas composiciones épicas llamadas cantares de gesta, que relataban con mayor o menor veracidad las noticias de su época. Los cantares de gesta más conocidos son la Chanson de Roland, en Francia, y el Cantar de Mío Cid, en Castilla.

Si tuviéramos que escoger un estilo musical que retrate la realidad actual, sin duda sería el rap. Podríamos considerar a los raperos como los juglares de nuestra época. Desde su nacimiento, alrededor de 1970, el rap se ha convertido en un importante medio de denuncia social y en una importante herramienta de lucha contra la marginalidad.

A continuación, vais a escuchar cómo suena la adaptación de un cantar de gesta en combinación con una base de rap. Seguro que os gusta.

Queridos oyentes…
Os quiero deleitar con un poema.
Un poema épico, especial e histórico:
el poema del Mío Cid.
Aquel caballero desterrado por su propio rey.
Aquel caballero… ¡qué buen vasallo si hubiese tenido buen señor!

Rodrigo Díaz
o Mío Cid, el Campeador.
Salvador de Sevilla
contra Almudafar, el traidor.

Siendo sólo un infanzón,
las envidias despertó.
Y así lo desterró
el rey Alfonso, su señor.

Alejólo de sus hijas,
doña Elvira y doña Sol;
dejó sola a su mujer,
doña Jimena, y se marchó.

Pero sus mesnadas,
sin duda, le acompañaban.
Siguiéronle de cerca,
allí donde cabalgaba.

Con gran valor…
y a cada paso
don Rodrigo meditaba:
«¡Volveremos con gran honor!»

Mío Cid, el caballero castellano.
El sidi de los moros,
el señor de los cristianos.
Marchó, lloró, lidió, venció.

Mío Cid, el caballero desterrado.
El sidi de los moros,
el señor de los cristianos.
Marchó, lloró, lidió, venció.

Todas las batallas las libró,
superando el dolor.
Fiero guerrero
que imperó en el tablero del campo.
A sus enemigos inspiraba terror
y lo llamaban el Cid Campeador.

El ángel Gabriel
visitó a Rodrigo en sueños,
le dijo: «Tened fe
y poned todo el empeño;
si obráis por el Señor,
el perdón será vuestro».

Salió de Toledo,
tomó Alcocer y Alcañiz,
y al conde de Barcelona
apresó en esta lid.

Ganó la espada Colada
y con todos repartió
el botín de una batalla
que Minaya ganó.

En el pinar de Tévar
ya no hay nadie que no sepa
del Campeador.

Y así con esta fe
don Rodrigo murmuraba:
«¡Volveremos con gran honor!»

Mío Cid, el caballero castellano.
El sidi de los moros,
el señor de los cristianos.
Marchó, lloró, lidió, venció.

Mío Cid, el caballero desterrado.
El sidi de los moros,
el señor de los cristianos.
Marchó, lloró, lidió, venció.

Todas las batallas las libró,
superando el dolor.
Fiero guerrero
que imperó en el tablero del campo.
A sus enemigos inspiraba terror
y lo llamaban el Cid Campeador.

Nuestro héroe castellano
asedió y conquistó
la ciudad de Valencia,
y gran honra ganó.

Hasta al rey Yusuf
de Marruecos
la noticia llegó.

De allende el mar
este ejército arribó
y a las puertas de Valencia
ya las tiendas afincó.

Y sin dudar
atacó
con gran furia
el Campeador.

Cincuenta mil moros
contra cuatro mil
de los guerreros del Cid.

Que vencieron con la ayuda
del Creador.
Y con esta gran victoria
don Rodrigo hablaba:
«¡Volveremos con gran honor!»

Mío Cid, el caballero castellano.
El sidi de los moros,
el señor de los cristianos.
Marchó, lloró, lidió, venció.

Mío Cid, el caballero desterrado.
El sidi de los moros,
el señor de los cristianos.
Marchó, lloró, lidió, venció.

Todas las batallas las libró,
superando el dolor.
Fiero guerrero
que imperó en el tablero del campo.
A sus enemigos inspiraba terror
y lo llamaban el Cid Campeador.

Otro rey moro,
el rey Búcar en cuestión,
fue a cercar Valencia,
la venganza lo cegó.

Y otros cincuenta mil
de los suyos mandó.

Pero el de Vivar,
que en buena hora nació,
sembró el terror en los moros
y a ninguno dejó.

Al rey Búcar mató,
ganó la espada Tizón,
consiguió de su rey,
Alfonso, el perdón.

Casó a sus hijas amadas
con los reyes de Navarra
y de Aragón.

Regresó con su mujer
y a los suyos gritó:
«¡Hemos vuelto con gran honor!»

Mío Cid, el caballero castellano.
El sidi de los moros,
el señor de los cristianos.
Marchó, lloró, lidió, venció.

Mío Cid, el caballero desterrado.
El sidi de los moros,
el señor de los cristianos.
Marchó, lloró, lidió, venció.

Todas las batallas las libró,
superando el dolor.
Fiero guerrero
que imperó en el tablero del campo.
A sus enemigos inspiraba terror
y lo llamaban el Cid Campeador.

Sí, fue la victoria del bajo castellano contra la nobleza leonesa,
de la humildad contra la envidia,
de las raíces de la tierra contra la invasión…
Y este fue el poema,
el poema del Cid Campeador.

Orígenes árabes del flamenco

No son pocos los musicólogos que sostienen que una parte de la melodía y de la rítmica vocal e instrumental de las formas musicales flamencas se deriva de secuencias vocales e instrumentales de nubas, zéjeles o villancicos moriscos. A su vez, son muchos los estudios que observan conexiones melódicas y rítmicas entre algunos palos del flamenco, como el fandango o la malagüeña, y determinadas canciones judeosefardíes cuya tradición musical arranca precisamente en al-Ándalus.