Diferencias entre piratas, corsarios, bucaneros y filibusteros

Un error común que se suele cometer al hablar de la piratería de los siglos XVI, XVII y XVIII, es poner en el mismo saco, por ejemplo, a Sir Francis Drake, Henry Morgan y Edward Teach Barbanegra. ¿Qué hubiera pensado el primero, un noble marino, leal siervo de la reina Isabel I de Inglaterra, al saber que lo comparaban con el tercero, un sanguinario delincuente del mar? Seguramente, no le hubiera gustado nada. Esta equivocación tan común —incluso entre historiadores— proviene de la confusión de términos para designar actos delictivos en el mar, ya que, habitualmente, los términos pirata, corsario, bucanero y filibustero, se utilizan casi como sinónimos. Antes de nada, debemos tener en cuenta que estas cuatro palabras sólo se pueden contextualizar a la vez en la historia marítima de América, sobre todo del Caribe, ya que la piratería del Mediterráneo o del Mar de la China se regía por otros actores. Si bien existían piratas y corsarios, los bucaneros y los filibusteros eran exclusivos de América Central. A pesar de que estos hombres y muchos de sus contemporáneos, así como los actos que cometieron, se agrupan bajo el gran paraguas que es el término piratería —por ser actos de bandolerismo y pillaje a bordo de un navío—, existen diferencias suficientemente significativas como para poder distinguirlos.

Abordaje

En primer lugar tenemos a los piratas —cuyo vocablo procede la palabra griega peirates, que no es otra cosa que un aventurero del mar—, cuya presencia en el mundo es tan antigua como la navegación. Sin embargo, durante los siglos XVII y XVIII vivieron su época dorada, atacando libremente navíos e instalaciones de las coronas portuguesa y española. Estos ataques, a pesar de que se centraban en las posesiones de estas dos potencias europeas, no tenían detrás un significado nacional, ya que los piratas, procedieran de dónde procedieran, atacaban indiferentemente a cualquier navío que les pudiera dar beneficios en forma de riquezas de todo tipo. Los ejemplos más claros de piratas fueron Edward Teach Barbanegra, Calicó Jack Rackham y Bartholomew Roberts Black Bart.

barbanegraEdward Teach Barbanegra (¿1680?-1718)

Por otro lado, ya desde mucho antes de su aparición en el Caribe, existieron los corsarios, cuyo grado de violencia sigue siendo motivo de controversia, ya que muchos los consideraban delincuentes y otros héroes nacionales. Los hombres y navíos que eran denominados corsarios, viajaban bajo la protección de una patente de corso —palabra procedente del latín cursus, carrera—, un documento en el que un rey les daba autorización para atacar barcos y enclaves de las potencias enemigas. En este sentido, fue muy habitual, en una América colonial dominada por castellanos y portugueses, que las coronas de Francia, Inglaterra y Holanda, incluso siendo algunas aliadas de las primeras, autorizasen a determinados barcos y capitanes atacar las posesiones de las potencias peninsulares. El único objetivo de estos ataques, si bien en muchas ocasiones reportaban beneficios económicos, no era robar, sino también entorpecer las actividades comerciales que se realizaban entre los territorios enemigos; así como detener el transporte de riquezas hacia el Viejo Mundo y, de este modo, complicar el mantenimiento de las guerras en Europa. Fueron corsarios hombres como Sir Francis Drake, Walter Raleigh o Henry Morgan.

Sir-Francis-DrakeSir Francis Drake (¿1543?-1596)

De entre los protagonistas exclusivos del Caribe, cabe destacar a los filibusteros. El origen de esta palabra es muy confusa, hay autores que defienden su origen en la vocablo holandés vrij buiter —el que captura el botín libremente—, traducida al inglés como free booter y al francés como flibustier. Para otros, en cambio, procede de la expresión holandesa vrie boot, que se traduce al inglés como fly boat o embarcación ligera, describiendo el tipo de naves utilizadas para cometer sus ataques. Estos hombres, que al principio actuaron por libre atacando naves pequeñas sin alejarse demasiado de la costa, fueron los primeros en convertir la piratería en algo más que un delito, llegando a crear una sociedad filibustera en las costas de Santo Domingo y la Tortuga, llamada la Hermandad de la Costa. Sin embargo, con el paso del tiempo, los gobiernos europeos vieron una utilidad en los filibusteros, y acogieron a muchos para que centrasen sus ataques sobre los territorios enemigos de sus patrocinadores, convirtiéndose en un punto medio entre el pirata y el corsario, pudiendo hablar de piratas domesticados. Seguramente, uno de los filibusteros más famosos fue Jean David Nau, también conocido como François l’Olonnais, que se convirtió en el terror del Caribe durante casi veinte años.

François-l’OlonnaisFrançois l’Olonnais (1630-1671)

Finalmente, pero no por ello menos importante, vamos a ver quiénes fueron los bucaneros. Estos hombres, cuyo origen es exclusivamente caribeño, en un principio eran cazadores de reses y cerdos salvajes de las islas. Su nombre deriva del procedimiento —de origen indígena— que utilizaban para asar y ahumar la carne, llamado boucan. Esta carne era vendida en la costa a los navíos que allí recalaban. Al ser perseguidos por las autoridades coloniales en Santo Domingo, principal enclave bucanero, muchos de ellos abandonaron su oficio para convertirse en piratas, como dijo Gosse: «de matarifes de reses, se convirtieron en carniceros de hombres». Tanto por el tipo de ataques, cercanos a la costa, como por su proximidad cronológica y geográfica, muchos bucaneros se fusionaron con los filibusteros, formando las primeras tripulaciones cuyo único fin eran los actos de piratería, llegando a formar parte, también de la Hermandad de la Costa.

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Aún habiendo presentado a estos cuatro estilos de piratería, nunca debemos olvidar que no eran compartimentos estancos, es decir, lo más habitual era que los hombres que una vez fueron piratas, pasaran a ser corsarios, o viceversa; del mismo modo que muchos bucaneros acabaron siendo filibusteros, para después pasar a ser corsarios. Por lo que podríamos afirmar que había una alta tasa de permeabilidad entre los diferentes grupos de bandoleros marinos. Como hemos visto, tanto corsarios, como filibusteros, como bucaneros y piratas, tuvieron su momento de gloria; sin embargo, fueron los últimos los que, con el tiempo, permanecieron en el imaginario popular. Estos personajes, a pesar de ser delincuentes, rufianes y peligrosos, pasaron de ser diablos a convertirse en héroes románticos, que si bien podían robar y matar, lo hacían para defender su vida en libertad, lejos de los dominios de los grandes monarcas europeos.

Fuente: Historias de la Historia

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El reino visigodo

Los visigodos se instalaron en el año 418 en el sur de la provincia romana de la Galia mediante un pacto con Roma. El acuerdo les autorizaba a gobernar la región a cambio de defenderla de los ataques de otros pueblos. Por eso, como aliados de Roma, entraron en el año 415 en la Península Ibérica para luchar contra los invasores suevos, vándalos y alanos.

Tras la caída del último emperador romano (476), los visigodos establecieron un reino que se extendía a ambos lados de los Pirineos y fijaron su capital en Tolosa. Éste alcanzó su mayor auge con Eurico (440484), que lo extendió por casi toda la Península Ibérica. Pero su sucesor, Alarico II (484507), fue derrotado y muerto por los francos en la batalla de Vouillé (507), por lo que decidieron trasladarse al sur de los Pirineos.

Tras instalarse en Hispania fijaron la capital en Toledo. Primero, el rey Leovigildo (569586) sometió a los suevos, cántabros y astures; y sus sucesores expulsaron a los bizantinos y vencieron a los vascones. Después se integraron con la población hispanorromana tras la conversión de Recaredo (586601) al catolicismo en el III Concilio de Toledo (589) y la implantación por Recesvinto (653672) de una legislación común: el Fuero Juzgo (654). En el año 711 fueron derrotados por los musulmanes en la batalla de Guadalete, lo que puso fin a su reino.

Alcohol, azúcar y esclavos

La aparición de [las] (…) bebidas destiladas se produjo en el mismo momento en que los exploradores europeos empezaban a abrir las rutas marítimas del mundo, superando el extremo meridional de África rumbo al este y cruzando el Atlántico para establecer los primeros contactos con el Nuevo Mundo en el oeste. (…). La principal motivación de portugueses, españoles y demás exploradores de la época era encontrar una ruta alternativa hasta las Indias Orientales, para evitar el monopolio árabe del comercio de las especias. No deja de ser irónico que su éxito final se debiera en parte al uso de tecnologías aportadas por los árabes[: el astrolabio, entre otras].

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Las islas atlánticas de Madeira, las Azores y las Canarias demostraron ser lugares idóneos para la producción de azúcar, otra aportación árabe. Sin embargo, el cultivo de la caña de azúcar exigía grandes cantidades de agua y mano de obra. Los árabes habían acumulado una serie de técnicas de irrigación y dispositivos para ahorrar trabajo durante su expansión hacia Occidente, entre ellos el tornillo hidráulico, la innovación persa de los acueductos subterráneos y los molinos de agua para procesar la caña. Aun así, la producción de azúcar en el mundo árabe dependía de los esclavos procedentes sobre todo de África oriental. Durante la época de las Cruzadas, los europeos se hicieron con muchas de las plantaciones de azúcar de los árabes, pero carecían de experiencia en ese cultivo y necesitaron más mano de obra todavía para mantener la producción. En la década de 1440, los portugueses empezaron a fletar barcos cargados de esclavos negros desde sus factorías de la costa occidental de África. Al principio los secuestraban, pero no tardaron en acceder a comprárselos a comerciantes africanos a cambio de mercancías europeas.

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La esclavitud masiva se desconocía en Europa desde los tiempos de los romanos, en parte por motivos religiosos, pues la doctrina prohibía la esclavización de un cristiano por parte de otro. Esas objeciones teológicas al nuevo comercio de esclavos se soslayaron o sortearon mediante una serie de argumentos dudosos. En un principio se sugirió que al comprar esclavos y convertirlos al cristianismo los europeos los rescataban de la falsa doctrina del Islam. Sin embargo, más tarde surgió otro: los africanos negros, según algunos teólogos, no podían considerarse humanos del todo ni, en consecuencia, convertirse en cristianos, así que se los podía esclavizar. Eran, de acuerdo con otra teoría, «hijos de Ham», de modo que su esclavitud estaba sancionada por la Biblia. Esta lógica insidiosa no gozó de una amplia aceptación, por lo menos al principio. Sin embargo, la lejanía de las islas atlánticas significaba que el uso de mano de obra esclava podía mantenerse en un conveniente segundo plano. Hacia el año 1500, la introducción de esclavos había convertido Madeira en el mayor exportador de azúcar del mundo, con varias azucareras y dos mil esclavos.

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La utilización de esclavos en la producción de azúcar experimentó un acusado crecimiento tras el descubrimiento europeo del Nuevo Mundo por parte de Cristóbal Colón en 1492. Colón buscaba una ruta occidental a las Indias Orientales, pero en lugar de eso encontró las islas del Caribe. No había oro, especias o seda que llevar de vuelta a los reyes españoles, pero Colón declaró, confiado, que las islas eran ideales para el cultivo de azúcar, un negocio que conocía bien. En su segundo viaje al Nuevo Mundo, en 1493, se llevó caña de azúcar de las islas Canarias. No tardó en ponerse en marcha su producción en las islas caribeñas españolas, y en el continente sudamericano, en lo que es hoy Brasil, bajo dominio portugués. Los intentos de esclavizar a los pueblos indígenas fracasaron, ya que sucumbían de manera inexorable a las enfermedades del Viejo Mundo, de modo que los colonos empezaron a importar esclavos directamente de África. A lo largo de cuatro siglos, unos once millones de esclavos fueron transportados de África al Nuevo Mundo, aunque esa cifra subestima la dimensión del sufrimiento humano, ya que hasta la mitad de los esclavos capturados en el continente africano morían de camino hacia la costa. Las bebidas destiladas desempeñaron un papel crucial en este indigno comercio, que se intensificó a medida que los británicos, franceses y holandeses establecían plantaciones de azúcar en el Caribe durante el siglo XVII.

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Los negreros africanos que abastecían de esclavos a los europeos aceptaban un abanico de productos a cambio, como telas, conchas, cuencos de metal, jarras y láminas de cobre. Sin embargo, lo más buscado, con diferencia, eran las bebidas alcohólicas más fuertes. Los africanos de diversas regiones ya habían probado bebidas alcohólicas como el vino de palma, el hidromiel y diversas variedades de cerveza, todo lo cual se remontaba a la Antigüedad. Sin embargo, el alcohol importado de Europa era, en palabras de un comerciante, «solicitado en todas partes», incluso en las regiones musulmanas de África. En los primeros tiempos de la trata de esclavos, cuando era monopolio de los portugueses, los esclavistas africanos desarrollaron querencia por los vinos portugueses fuertes. En 1510, el viajero luso Valentim Fernandes escribió que los wolofes, un pueblo del Senegal, eran «borrachos que obtienen un gran placer de nuestro vino».

El vino era una forma práctica de moneda, pero los traficantes de esclavos europeos pronto descubrieron que el brandy era incluso mejor. Permitía concentrar más alcohol en un espacio menor dentro de la atiborrada bodega de un barco, y su mayor contenido alcohólico actuaba de conservante, con lo que era menos probable que el vino se echara a perder durante el trayecto. Los africanos apreciaban los licores destilados porque eran mucho más concentrados, o «calientes», que sus propias cervezas de grano y sus vinos de palma. Beber alcohol importado se convirtió en una señal de distinción entre los negreros africanos. Los tejidos eran a menudo el artículo más valioso de las remesas de mercancías intercambiadas por esclavos, pero el alcohol, y el brandy en particular, era el más prestigioso.

Pronto llegó a ser habitual que los europeos ofrecieran grandes cantidades de alcohol, conocido como dashee o bizy, como regalo previo al inicio de las negociaciones con los traficantes africanos. Los europeos y los africanos conversaban en una lingua franca derivada del portugués, de la que un comerciante francés transcribió varios ejemplos, como qua qua («lino») y singo me miombo («dame algo de licor fuerte»). Según John Atkins, un cirujano naval británico que relató la trata de esclavos, el negrero africano «nunca tiene a bien negociar con los labios secos». William Bosman, un traficante de esclavos holandés, recomendó que los capitanes de los barcos negreros ofrecieran regalos diarios de brandy a los caciques locales y a los principales comerciantes. Los africanos de Whydah, advirtió, no querrían ni oír hablar de negociar si no les habían regalado antes suficiente dashee. «Quien pretenda comerciar allí, debe contentarlos de esta manera», escribió.

El brandy también lubricó los engranajes del comercio de esclavos de otras maneras. Un relato recoge que los barqueros que transportaban mercancías desde tierra hasta los barcos europeos y viceversa recibían como estipendio una botella de brandy al día, además de un extra de dos a cuatro botellas los días en que trabajaban y una más para los domingos. A los guardias que conducían a los esclavos desde los campos de paso de la costa hasta la orilla también les pagaban en brandy. Las relaciones entre licor, esclavos y azúcar se vieron reforzadas tras la invención de una potente y nueva bebida elaborada con los residuos del propio proceso de producción del azúcar. Esa bebida era el ron.

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[A mediados del siglo XVII, ] la isla caribeña de Barbados dominaba el comercio del azúcar y sus magnates se contaban entre los hombres más ricos del Nuevo Mundo. [Esta industria dependía en gran medida de la mano de obra esclava.]

Los plantadores de Barbados obtuvieron de Brasil algo más que caña de azúcar y equipamiento; también aprendieron a fermentar los subproductos del proceso azucarero y después destilar el resultado para elaborar una potente bebida alcohólica. Los portugueses la llamaban brandy de caña, y la elaboraban a partir de la espuma obtenida del jugo de caña al hervirlo o del propio jugo de caña. Sin embargo, el proceso fue refinado un poco más en Barbados, donde se elaboraba el brandy de caña a partir de la melaza, los residuos de otro modo inservibles de la elaboración del azúcar. Eso hizo posible elaborar brandy de caña de manera mucho más barata y sin merma en la producción de azúcar. Los plantadores de Barbados podían, literalmente, producir su azúcar y además bebérselo.

Según [Richard] Ligon, la bebida resultante, conocida como kill-devil («matadiablo»), era «infinitamente fuerte, pero no muy agradable al paladar… La gente la bebe mucho; de hecho, demasiado, pues a menudo los deja tumbados en el suelo». El vino y la cerveza eran costosos de importar y propensos a estropearse en la travesía desde Europa, pero el «matadiablo» podía elaborarse a escala local y en grandes cantidades. Ligon observó que la bebida se vendía en la propia isla «a los plantadores que no tienen azucareras propias, pero aun así lo beben en exceso, pues lo compran a precios bajos», y también a los barcos de paso, «y lo transportan a lugares extranjeros y se lo beben por el camino» (…).

Un viajero que visitó Barbados en 1651 observó que la bebida preferida de los isleños era «el rumbullion, también conocido como kill-devil, que se hace a partir de caña de azúcar destilada, un licor caliente, infernal y terrible». Rumbullion, una palabra del argot del sur de Inglaterra que significa «pelea o conmoción violenta», quizá se eligiera como apodo para la bebida porque ese era con frecuencia el resultado cuando la gente la bebía en exceso.

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El rumbullion, pronto abreviado como rum o «ron», se extendió por todo el Caribe y luego más allá. Se lo daban a los esclavos recién llegados como parte del proceso de «acondicionamiento», que cribaba a los débiles y sometía a los díscolos. Se fomentaba que los esclavos dependieran de las raciones regulares de ron, tanto para soportar las exigencias que se les imponían como para desdibujar las penurias asociadas a ellas. También se utilizaba como incentivo: se recompensaba a los esclavos con ron extra por atrapar ratas o realizar tareas especialmente desagradables. Hay registros de plantaciones que sugieren que los esclavos recibían por lo general dos o tres galones (nueve o catorce litros) de ron al año (aunque en algunos casos se llegaba hasta a los sesenta litros), que podían beberse ellos mismos o cambiar por comida. Como resultado, el ron se convirtió en una importante herramienta de control social. Ligon recogió que asimismo se usaba como medicina y que, cuando los esclavos se encontraban mal, el médico le daba a cada uno «una copita de este licor, y eso era una cura inmediata».

El ron también se volvió popular entre los marineros, y desde 1655 se adoptó como sustituto de la tradicional ración de cerveza en los barcos de la Royal Navy en el Caribe. En un siglo se había convertido en la bebida preferida de la marina durante las travesías largas. Sin embargo, sustituir el habitual galón de cerveza floja y perecedera por la media pinta de ron tuvo las previsibles consecuencias sobre la disciplina y la eficacia, y llevó al almirante Edward Vernon a dictar la orden de que el ron debía mezclarse con dos pintas de agua. Diluir el ron no afectaba a la cantidad total de alcohol consumida, aunque hacía que los marineros tuvieran más inclinación a beber el agua, de otro modo desagradable, disponible a bordo de los barcos. Lo que demostró ser mucho más importante fue la idea de Vernon de añadir azúcar y zumo de lima a la mezcla para hacerla más apetecible. Había inventado un primitivo cóctel que fue bautizado de inmediato en su honor. El apodo de Vernon era Old Grogram, porque llevaba una capa impermeable hecha de grogram un tejido tosco endurecido con goma. Su nueva bebida pasó a conocerse como grog.

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Pero seguía existiendo el problema de que la potencia del ron variaba mucho y los marineros que lo veían aguado para hacer grog se sentían estafados. Antes de la invención de un hidrómetro preciso en el siglo XIX, no existía una manera sencilla de medir la fuerza de una bebida alcohólica. De modo que los sobrecargos de la marina, que eran responsables de distribuir la ración de ron, medían de antemano su fuerza sin mezclar usando una regla general que al parecer fue ideada en los Astilleros Reales. Mezclaban el ron con un poco de agua y unos cuantos granos de pólvora negra y después calentaban la mezcla usando una lupa para concentrar los rayos del sol. Si la pólvora no llegaba a prender, la mezcla era demasiado débil y se añadía más ron. Solo cuando la pólvora empezaba a duras penas a prender se consideraba que la mezcla tenía la fuerza adecuada, que se corresponde con un 48 por ciento de alcohol (si la mezcla era demasiado fuerte, se producía una explosión, y según la tradición en esos casos los marineros tenían derecho a servirse mientras el sobrecargo estaba incapacitado).

Durante el siglo XVIII, el consumo de grog en lugar de cerveza desempeñó un papel invisible para afianzar la supremacía británica en el mar. Una de las principales causas de mortalidad entre los marineros de la época era el escorbuto, una terrible enfermedad que hoy día se sabe provocada por la carencia de vitamina C. La mejor manera de prevenirla —una manera descubierta y olvidada muchas veces a lo largo del siglo XVIII— era administrar dosis regulares de zumo de lima o limón. Por tanto, la incorporación de esos zumos en el grog, obligatoria desde 1795, redujo drásticamente la incidencia del escorbuto. Puesto que la cerveza no contiene vitamina C, el cambio al grog hizo que las tripulaciones británicas fueran en general mucho más saludables. De sus homólogos franceses podía decirse lo contrario, pues para ellos la ración habitual de bebida no era cerveza, sino tres cuartos de litro de vino (el equivalente a una botella moderna). En las travesías largas, esa ración era reemplazada por tres dieciseisavos de litro de eau-de-vie. Dado que el vino contiene pequeñas cantidades de vitamina C pero el eau-de-vie no, el efecto fue reducir la resistencia de la marina francesa al escorbuto, mientras que la de la británica aumentaba. Un médico naval dijo que la capacidad única de la Royal Navy para combatir el escorbuto dobló su rendimiento y contribuyó de manera directa a la posterior victoria de Gran Bretaña sobre las flotas francesa y española en Trafalgar, en 1805 (también supuso que los marineros británicos fuesen conocidos como limeys, por la lima).

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Sin embargo, todo eso se produciría en el futuro lejano, a raíz de la invención del ron. Su importancia inmediata fue como moneda, pues cerraba el triángulo que unía licores, esclavos y azúcar. El ron podía usarse para comprar esclavos con los que producir azucara cuyos residuos podían transformarse en ron para comprar más esclavos, y así sucesivamente (…). En 1721, un comerciante inglés informó de que el ron se había convertido en el «principal artículo de trueque» de la costa de los esclavos de África, incluso para el oro. El ron también superó al brandy como moneda de pago para los barqueros y guardias. El brandy ayudó a poner en marcha el comercio transatlántico de azúcar y esclavos, pero el ron lo hizo autosuficiente y mucho más rentable.

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A diferencia de la cerveza, que por lo general se producía y consumía a nivel local, y el vino, que en general se elaboraba y comercializaba dentro de una región específica, el ron era resultado de la convergencia de materiales, personas y tecnologías de todo el mundo, y el producto de varias fuerzas históricas en intersección. El azúcar, que tenía su origen en la Polinesia, había sido introducido en Europa por los árabes, llevado a América por Colón y cultivado por los esclavos de África. El ron destilado de los residuos de su elaboración era consumido tanto por los colonos europeos como por sus esclavos en el Nuevo Mundo. Era una bebida que debía su existencia al espíritu emprendedor y aventurero de la época de las exploraciones, pero que no habría existido sin la crueldad de la trata de esclavos, sobre la que los europeos hicieron la vista gorda durante mucho tiempo. El ron fue la encarnación líquida tanto del triunfo como de la opresión de la primera era de la globalización.

Tom Standage: La historia del mundo en seis tragos: de la cerveza de los faraones a la Coca-Cola. Barcelona: Debate, 2006, págs. 104-113.

Terremotos

Sismicidad

El U.S. Geological Survey pone a nuestra disposición un visor (pincha aquí para acceder) donde se muestra la ubicación e intensidad de los terremotos que han sacudido nuestro planeta durante las últimas semanas.

Las escalas musicales

Una escala es una sucesión de notas ordenadas de manera ascendente o descendente que se utiliza como base para componer. Puede comenzar por cualquier nota, a la que se denomina tónica y que da nombre a la escala. La distancia que separa dos notas consecutivas se llama intervalo y se mide en tonos y semitonos.

La escala diatónica está formada por siete notas separadas entre sí por cinco intervalos de tono y dos de semitono. La distribución de estos intervalos determina si la escala está en modo mayor o menor.

escala-mayor1escala diatónica de do mayor

escala-menor1escala diatónica de la menor

Las escalas mayores tienen un carácter más animado que las menores, como puedes comprobar al escuchar las siguientes composiciones:

1) Ejemplo de escala mayor: Tema principal de la BSO de Star Wars, John Williams.

 

2) Ejemplo de escala menor: Para Elisa de Ludwig van Beethoven.

 

En la Edad Media se utilizaban las escalas modales, diferentes de las actuales. Eran los denominados modos gregorianos y había un total de ocho.

3) Ejemplo de escala modal: Domine, audivi de autor anómino.

Noticias, enlaces y curiosidades sobre Geografía I

a) Mapa interactivo de las antípodas: Las antípodas son un punto de la superficie terrestre diametralmente opuesto a otro, es decir, aquel lugar del planeta más alejado de otro. ¿Alguna vez te has preguntado cuáles son las antípodas de la localidad en donde vives? ¿En qué región del planeta aparecerías si cavases un túnel que atravesara el centro de la Tierra? Puedes obtener la respuesta a estas preguntas gracias al siguiente mapa interactivo.

 

b) Mapas isócronos: ¿cuánto tiempo se tarda en recorrer distancias?: Dentro de las categorías de isolíneas, las isócronas son aquéllas que conectan puntos en los que un determinado fenómeno ocurre al mismo tiempo. Desde principios del siglo XX, los mapas isócronos se han empleado en la planificación de los transportes, para mostrar cuánto tiempo se tardaría en viajar de un lugar de a otro, teniendo en cuenta la distancia, pero también la velocidad o el medio empleado. Pincha aquí para ver algunos mapas isócronos.

 

c) ¿Qué ocurriría si una bomba atómica cayera sobre tu ciudad?: Ayudándonos de este simulador de detonaciones nucleares, podemos estimar cómo de grande sería la devastación que producirían distintas bombas atómicas si cayesen sobre cualquier ciudad del mundo.

 

d) Reportaje sobre el descubrimiento de un observatorio solar de 4.500 años en Los Barruecos (Malpartida de Cáceres): Entrevista a nuestro buen amigo Juan Rosco Madruga (q.e.p.d.), descubridor de unos grabados en el Monumento Natural de Los Barruecos, que cada equinoccio reciben los rayos del sol al mediodía; publicado en el periódico HOY el 6 de mayo de 2012 (pincha aquí para acceder).

30 fotografías curiosas tomadas en las fronteras del mundo

Aprovecho para recomendaros el Blog de banderas, una manera diferente y amena de acercarse al conocimiento geográfico. En esta ocasión, su autor nos ofrece algunas fotografías de las fronteras más curiosas y sorprendentes del mundo. A mí, personalmente, la número tres me ha dejado con la boca abierta (pincha aquí para acceder a la entrada).

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