Los obreros fabriles en Gran Bretaña

Si ahora (…) queremos examinar más detenidamente cada uno de los sectores más importantes del proletariado inglés, tendremos que comenzar por los obreros fabriles, es decir, los comprendidos en las disposiciones de la ley de fábricas. Esta ley reglamenta la duración del trabajo en las fábricas donde se hila o teje la lana, la seda, el algodón y el lino utilizando la fuerza hidráulica o la máquina de vapor, y abarca por consiguiente las ramas más importantes de la industria inglesa (…).

Casi por todas partes, el trabajo mecánico ha sustituido el trabajo manual, casi todas las operaciones se efectúan con ayuda de la energía hidráulica o de la fuerza del vapor, y cada año aporta nuevos perfeccionamientos.

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Si reinara la armonía en la sociedad, uno no podría menos que regocijarse de tales mejoras; pero en la guerra de todos contra todos, algunos individuos se apoderan de las ventajas que de ello resultan, quitando de ese modo a la mayoría los medios de vida. Todo perfeccionamiento mecánico lanza obreros a la calle, y, mientras más importante es la mejora, más numerosa es la categoría reducida al paro forzoso; cada una tiene por tanto sobre cierto número de trabajadores el efecto de una crisis económica, engendrando miseria, penuria y delincuencia.

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Citemos algunos ejemplos. Dado que ya la primera máquina inventada, la Jenny, era manejada por un solo obrero y producía en igual tiempo seis veces más que un torno para hilar, cada nueva Jenny desplazó a cinco obreros. La Throstle que, a su vez, producía mucho más que la Jenny y sólo exigía también únicamente un obrero, ocasionó aún más desplazamientos. La Mule, que con respecto a su producción reclamaba todavía menos obreros, tuvo el mismo efecto, y cada perfeccionamiento de la Mule, es decir, cada aumento del número de sus husos, redujo a su vez el número de obreros necesarios. Este aumento del número de husos es tan importante que, a causa del mismo, muchedumbres de obreros han quedado sin trabajo; porque si antes un «hilandero», ayudado de algunos niños (piecers), podía accionar 600 husos, en lo adelante pudo atender de 1.400 a 2.000 de ellos en dos Mules, con el resultado de que dos hilanderos adultos y cierto número de piecers que ellos empleaban, quedaron sin trabajo. Y desde que, en un número importante de hilanderías, se han introducido las self-acting mules, el papel del hilandero ha desaparecido completamente y es la máquina quien trabaja.

F. Engels: La situación de la clase obrera en Inglaterra (1845).

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