Alcohol, azúcar y esclavos

La aparición de [las] (…) bebidas destiladas se produjo en el mismo momento en que los exploradores europeos empezaban a abrir las rutas marítimas del mundo, superando el extremo meridional de África rumbo al este y cruzando el Atlántico para establecer los primeros contactos con el Nuevo Mundo en el oeste. (…). La principal motivación de portugueses, españoles y demás exploradores de la época era encontrar una ruta alternativa hasta las Indias Orientales, para evitar el monopolio árabe del comercio de las especias. No deja de ser irónico que su éxito final se debiera en parte al uso de tecnologías aportadas por los árabes[: el astrolabio, entre otras].

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Las islas atlánticas de Madeira, las Azores y las Canarias demostraron ser lugares idóneos para la producción de azúcar, otra aportación árabe. Sin embargo, el cultivo de la caña de azúcar exigía grandes cantidades de agua y mano de obra. Los árabes habían acumulado una serie de técnicas de irrigación y dispositivos para ahorrar trabajo durante su expansión hacia Occidente, entre ellos el tornillo hidráulico, la innovación persa de los acueductos subterráneos y los molinos de agua para procesar la caña. Aun así, la producción de azúcar en el mundo árabe dependía de los esclavos procedentes sobre todo de África oriental. Durante la época de las Cruzadas, los europeos se hicieron con muchas de las plantaciones de azúcar de los árabes, pero carecían de experiencia en ese cultivo y necesitaron más mano de obra todavía para mantener la producción. En la década de 1440, los portugueses empezaron a fletar barcos cargados de esclavos negros desde sus factorías de la costa occidental de África. Al principio los secuestraban, pero no tardaron en acceder a comprárselos a comerciantes africanos a cambio de mercancías europeas.

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La esclavitud masiva se desconocía en Europa desde los tiempos de los romanos, en parte por motivos religiosos, pues la doctrina prohibía la esclavización de un cristiano por parte de otro. Esas objeciones teológicas al nuevo comercio de esclavos se soslayaron o sortearon mediante una serie de argumentos dudosos. En un principio se sugirió que al comprar esclavos y convertirlos al cristianismo los europeos los rescataban de la falsa doctrina del Islam. Sin embargo, más tarde surgió otro: los africanos negros, según algunos teólogos, no podían considerarse humanos del todo ni, en consecuencia, convertirse en cristianos, así que se los podía esclavizar. Eran, de acuerdo con otra teoría, «hijos de Ham», de modo que su esclavitud estaba sancionada por la Biblia. Esta lógica insidiosa no gozó de una amplia aceptación, por lo menos al principio. Sin embargo, la lejanía de las islas atlánticas significaba que el uso de mano de obra esclava podía mantenerse en un conveniente segundo plano. Hacia el año 1500, la introducción de esclavos había convertido Madeira en el mayor exportador de azúcar del mundo, con varias azucareras y dos mil esclavos.

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La utilización de esclavos en la producción de azúcar experimentó un acusado crecimiento tras el descubrimiento europeo del Nuevo Mundo por parte de Cristóbal Colón en 1492. Colón buscaba una ruta occidental a las Indias Orientales, pero en lugar de eso encontró las islas del Caribe. No había oro, especias o seda que llevar de vuelta a los reyes españoles, pero Colón declaró, confiado, que las islas eran ideales para el cultivo de azúcar, un negocio que conocía bien. En su segundo viaje al Nuevo Mundo, en 1493, se llevó caña de azúcar de las islas Canarias. No tardó en ponerse en marcha su producción en las islas caribeñas españolas, y en el continente sudamericano, en lo que es hoy Brasil, bajo dominio portugués. Los intentos de esclavizar a los pueblos indígenas fracasaron, ya que sucumbían de manera inexorable a las enfermedades del Viejo Mundo, de modo que los colonos empezaron a importar esclavos directamente de África. A lo largo de cuatro siglos, unos once millones de esclavos fueron transportados de África al Nuevo Mundo, aunque esa cifra subestima la dimensión del sufrimiento humano, ya que hasta la mitad de los esclavos capturados en el continente africano morían de camino hacia la costa. Las bebidas destiladas desempeñaron un papel crucial en este indigno comercio, que se intensificó a medida que los británicos, franceses y holandeses establecían plantaciones de azúcar en el Caribe durante el siglo XVII.

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Los negreros africanos que abastecían de esclavos a los europeos aceptaban un abanico de productos a cambio, como telas, conchas, cuencos de metal, jarras y láminas de cobre. Sin embargo, lo más buscado, con diferencia, eran las bebidas alcohólicas más fuertes. Los africanos de diversas regiones ya habían probado bebidas alcohólicas como el vino de palma, el hidromiel y diversas variedades de cerveza, todo lo cual se remontaba a la Antigüedad. Sin embargo, el alcohol importado de Europa era, en palabras de un comerciante, «solicitado en todas partes», incluso en las regiones musulmanas de África. En los primeros tiempos de la trata de esclavos, cuando era monopolio de los portugueses, los esclavistas africanos desarrollaron querencia por los vinos portugueses fuertes. En 1510, el viajero luso Valentim Fernandes escribió que los wolofes, un pueblo del Senegal, eran «borrachos que obtienen un gran placer de nuestro vino».

El vino era una forma práctica de moneda, pero los traficantes de esclavos europeos pronto descubrieron que el brandy era incluso mejor. Permitía concentrar más alcohol en un espacio menor dentro de la atiborrada bodega de un barco, y su mayor contenido alcohólico actuaba de conservante, con lo que era menos probable que el vino se echara a perder durante el trayecto. Los africanos apreciaban los licores destilados porque eran mucho más concentrados, o «calientes», que sus propias cervezas de grano y sus vinos de palma. Beber alcohol importado se convirtió en una señal de distinción entre los negreros africanos. Los tejidos eran a menudo el artículo más valioso de las remesas de mercancías intercambiadas por esclavos, pero el alcohol, y el brandy en particular, era el más prestigioso.

Pronto llegó a ser habitual que los europeos ofrecieran grandes cantidades de alcohol, conocido como dashee o bizy, como regalo previo al inicio de las negociaciones con los traficantes africanos. Los europeos y los africanos conversaban en una lingua franca derivada del portugués, de la que un comerciante francés transcribió varios ejemplos, como qua qua («lino») y singo me miombo («dame algo de licor fuerte»). Según John Atkins, un cirujano naval británico que relató la trata de esclavos, el negrero africano «nunca tiene a bien negociar con los labios secos». William Bosman, un traficante de esclavos holandés, recomendó que los capitanes de los barcos negreros ofrecieran regalos diarios de brandy a los caciques locales y a los principales comerciantes. Los africanos de Whydah, advirtió, no querrían ni oír hablar de negociar si no les habían regalado antes suficiente dashee. «Quien pretenda comerciar allí, debe contentarlos de esta manera», escribió.

El brandy también lubricó los engranajes del comercio de esclavos de otras maneras. Un relato recoge que los barqueros que transportaban mercancías desde tierra hasta los barcos europeos y viceversa recibían como estipendio una botella de brandy al día, además de un extra de dos a cuatro botellas los días en que trabajaban y una más para los domingos. A los guardias que conducían a los esclavos desde los campos de paso de la costa hasta la orilla también les pagaban en brandy. Las relaciones entre licor, esclavos y azúcar se vieron reforzadas tras la invención de una potente y nueva bebida elaborada con los residuos del propio proceso de producción del azúcar. Esa bebida era el ron.

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[A mediados del siglo XVII, ] la isla caribeña de Barbados dominaba el comercio del azúcar y sus magnates se contaban entre los hombres más ricos del Nuevo Mundo. [Esta industria dependía en gran medida de la mano de obra esclava.]

Los plantadores de Barbados obtuvieron de Brasil algo más que caña de azúcar y equipamiento; también aprendieron a fermentar los subproductos del proceso azucarero y después destilar el resultado para elaborar una potente bebida alcohólica. Los portugueses la llamaban brandy de caña, y la elaboraban a partir de la espuma obtenida del jugo de caña al hervirlo o del propio jugo de caña. Sin embargo, el proceso fue refinado un poco más en Barbados, donde se elaboraba el brandy de caña a partir de la melaza, los residuos de otro modo inservibles de la elaboración del azúcar. Eso hizo posible elaborar brandy de caña de manera mucho más barata y sin merma en la producción de azúcar. Los plantadores de Barbados podían, literalmente, producir su azúcar y además bebérselo.

Según [Richard] Ligon, la bebida resultante, conocida como kill-devil («matadiablo»), era «infinitamente fuerte, pero no muy agradable al paladar… La gente la bebe mucho; de hecho, demasiado, pues a menudo los deja tumbados en el suelo». El vino y la cerveza eran costosos de importar y propensos a estropearse en la travesía desde Europa, pero el «matadiablo» podía elaborarse a escala local y en grandes cantidades. Ligon observó que la bebida se vendía en la propia isla «a los plantadores que no tienen azucareras propias, pero aun así lo beben en exceso, pues lo compran a precios bajos», y también a los barcos de paso, «y lo transportan a lugares extranjeros y se lo beben por el camino» (…).

Un viajero que visitó Barbados en 1651 observó que la bebida preferida de los isleños era «el rumbullion, también conocido como kill-devil, que se hace a partir de caña de azúcar destilada, un licor caliente, infernal y terrible». Rumbullion, una palabra del argot del sur de Inglaterra que significa «pelea o conmoción violenta», quizá se eligiera como apodo para la bebida porque ese era con frecuencia el resultado cuando la gente la bebía en exceso.

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El rumbullion, pronto abreviado como rum o «ron», se extendió por todo el Caribe y luego más allá. Se lo daban a los esclavos recién llegados como parte del proceso de «acondicionamiento», que cribaba a los débiles y sometía a los díscolos. Se fomentaba que los esclavos dependieran de las raciones regulares de ron, tanto para soportar las exigencias que se les imponían como para desdibujar las penurias asociadas a ellas. También se utilizaba como incentivo: se recompensaba a los esclavos con ron extra por atrapar ratas o realizar tareas especialmente desagradables. Hay registros de plantaciones que sugieren que los esclavos recibían por lo general dos o tres galones (nueve o catorce litros) de ron al año (aunque en algunos casos se llegaba hasta a los sesenta litros), que podían beberse ellos mismos o cambiar por comida. Como resultado, el ron se convirtió en una importante herramienta de control social. Ligon recogió que asimismo se usaba como medicina y que, cuando los esclavos se encontraban mal, el médico le daba a cada uno «una copita de este licor, y eso era una cura inmediata».

El ron también se volvió popular entre los marineros, y desde 1655 se adoptó como sustituto de la tradicional ración de cerveza en los barcos de la Royal Navy en el Caribe. En un siglo se había convertido en la bebida preferida de la marina durante las travesías largas. Sin embargo, sustituir el habitual galón de cerveza floja y perecedera por la media pinta de ron tuvo las previsibles consecuencias sobre la disciplina y la eficacia, y llevó al almirante Edward Vernon a dictar la orden de que el ron debía mezclarse con dos pintas de agua. Diluir el ron no afectaba a la cantidad total de alcohol consumida, aunque hacía que los marineros tuvieran más inclinación a beber el agua, de otro modo desagradable, disponible a bordo de los barcos. Lo que demostró ser mucho más importante fue la idea de Vernon de añadir azúcar y zumo de lima a la mezcla para hacerla más apetecible. Había inventado un primitivo cóctel que fue bautizado de inmediato en su honor. El apodo de Vernon era Old Grogram, porque llevaba una capa impermeable hecha de grogram un tejido tosco endurecido con goma. Su nueva bebida pasó a conocerse como grog.

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Pero seguía existiendo el problema de que la potencia del ron variaba mucho y los marineros que lo veían aguado para hacer grog se sentían estafados. Antes de la invención de un hidrómetro preciso en el siglo XIX, no existía una manera sencilla de medir la fuerza de una bebida alcohólica. De modo que los sobrecargos de la marina, que eran responsables de distribuir la ración de ron, medían de antemano su fuerza sin mezclar usando una regla general que al parecer fue ideada en los Astilleros Reales. Mezclaban el ron con un poco de agua y unos cuantos granos de pólvora negra y después calentaban la mezcla usando una lupa para concentrar los rayos del sol. Si la pólvora no llegaba a prender, la mezcla era demasiado débil y se añadía más ron. Solo cuando la pólvora empezaba a duras penas a prender se consideraba que la mezcla tenía la fuerza adecuada, que se corresponde con un 48 por ciento de alcohol (si la mezcla era demasiado fuerte, se producía una explosión, y según la tradición en esos casos los marineros tenían derecho a servirse mientras el sobrecargo estaba incapacitado).

Durante el siglo XVIII, el consumo de grog en lugar de cerveza desempeñó un papel invisible para afianzar la supremacía británica en el mar. Una de las principales causas de mortalidad entre los marineros de la época era el escorbuto, una terrible enfermedad que hoy día se sabe provocada por la carencia de vitamina C. La mejor manera de prevenirla —una manera descubierta y olvidada muchas veces a lo largo del siglo XVIII— era administrar dosis regulares de zumo de lima o limón. Por tanto, la incorporación de esos zumos en el grog, obligatoria desde 1795, redujo drásticamente la incidencia del escorbuto. Puesto que la cerveza no contiene vitamina C, el cambio al grog hizo que las tripulaciones británicas fueran en general mucho más saludables. De sus homólogos franceses podía decirse lo contrario, pues para ellos la ración habitual de bebida no era cerveza, sino tres cuartos de litro de vino (el equivalente a una botella moderna). En las travesías largas, esa ración era reemplazada por tres dieciseisavos de litro de eau-de-vie. Dado que el vino contiene pequeñas cantidades de vitamina C pero el eau-de-vie no, el efecto fue reducir la resistencia de la marina francesa al escorbuto, mientras que la de la británica aumentaba. Un médico naval dijo que la capacidad única de la Royal Navy para combatir el escorbuto dobló su rendimiento y contribuyó de manera directa a la posterior victoria de Gran Bretaña sobre las flotas francesa y española en Trafalgar, en 1805 (también supuso que los marineros británicos fuesen conocidos como limeys, por la lima).

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Sin embargo, todo eso se produciría en el futuro lejano, a raíz de la invención del ron. Su importancia inmediata fue como moneda, pues cerraba el triángulo que unía licores, esclavos y azúcar. El ron podía usarse para comprar esclavos con los que producir azucara cuyos residuos podían transformarse en ron para comprar más esclavos, y así sucesivamente (…). En 1721, un comerciante inglés informó de que el ron se había convertido en el «principal artículo de trueque» de la costa de los esclavos de África, incluso para el oro. El ron también superó al brandy como moneda de pago para los barqueros y guardias. El brandy ayudó a poner en marcha el comercio transatlántico de azúcar y esclavos, pero el ron lo hizo autosuficiente y mucho más rentable.

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A diferencia de la cerveza, que por lo general se producía y consumía a nivel local, y el vino, que en general se elaboraba y comercializaba dentro de una región específica, el ron era resultado de la convergencia de materiales, personas y tecnologías de todo el mundo, y el producto de varias fuerzas históricas en intersección. El azúcar, que tenía su origen en la Polinesia, había sido introducido en Europa por los árabes, llevado a América por Colón y cultivado por los esclavos de África. El ron destilado de los residuos de su elaboración era consumido tanto por los colonos europeos como por sus esclavos en el Nuevo Mundo. Era una bebida que debía su existencia al espíritu emprendedor y aventurero de la época de las exploraciones, pero que no habría existido sin la crueldad de la trata de esclavos, sobre la que los europeos hicieron la vista gorda durante mucho tiempo. El ron fue la encarnación líquida tanto del triunfo como de la opresión de la primera era de la globalización.

Tom Standage: La historia del mundo en seis tragos: de la cerveza de los faraones a la Coca-Cola. Barcelona: Debate, 2006, págs. 104-113.

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